jueves, 29 de enero de 2026

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sábado, 24 de enero de 2026

5 Lecciones Contraintuitivas sobre Sanación y Miedo que Cambiarán tu Perspectiva

 



Introducción: El Paradigma Inverso del Crecimiento Personal

Pasamos gran parte de nuestra vida en una guerra silenciosa contra nosotros mismos. Luchamos contra nuestros miedos, intentamos erradicar hábitos que nos avergüenzan y aplicamos una lógica fría a problemas que sangran emoción. Sentimos el agotamiento de esta batalla interna, la frustración de estar en guerra con el propio territorio que habitamos. ¿Y si el camino hacia la paz no fuera una lucha, sino una rendición? ¿Y si, para ganar, primero tuviéramos que deponer las armas?

Este artículo es una invitación a explorar cinco verdades paradójicas sobre la sanación, ideas que van en contra de todo lo que nos han enseñado. La tesis es simple pero radical: el verdadero crecimiento no reside en "arreglarnos", sino en escucharnos. El hilo que une estas lecciones es una práctica fundamental: la presencia. Se trata de aprender a estar encarnados, a habitar la sensación corporal en lugar de perdernos en los juegos del intelecto. Es un paradigma inverso donde, para avanzar, primero debemos aprender a estar quietos.

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1. Deja de Luchar Contra tu Miedo: Es Energía Creativa en Bruto

La primera idea que debemos desaprender es que el miedo es un enemigo a vencer. En lugar de una señal para detenerse, el miedo es "energía creativa en un estado bruto". La metáfora más poderosa es la del petróleo: recién extraído del pozo, es una sustancia oscura e inservible. Sin embargo, una vez refinado, se convierte en el combustible que impulsa al mundo. De la misma manera, el miedo es el combustible de la creación.

Esta perspectiva transforma nuestra relación con el riesgo. Cuanto más ambicioso es un proyecto, cuanto más nos aleja de nuestra zona de confort, más "petróleo" —más miedo— se necesita para impulsarlo. Solo a través de la presencia podemos observar esta energía sin ser consumidos por ella, permitiendo que se transmute en inspiración. El miedo no es el freno; es la prueba de que estás al borde de crear algo nuevo.

"El miedo no es una señal para detenerse, sino la prueba de que estás vivo, creando y lleno de posibilidades."

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2. Tus "Defectos" no son Enemigos, son Protectores que Debes Abrazar

A menudo, intentamos extirpar las partes que no nos gustan: la ansiedad, la procrastinación, la mente desbocada. Pero estos "defectos" son, en realidad, mecanismos de protección que nuestro sistema ha desarrollado para sobrevivir. Un ejercicio transformador es cambiar la frase "me cuesta" por "me protejo". Quizás no "te cuesta" hablar en público; te "proteges" de ser juzgado. Quizás esa mente ruidosa y esa verborrea incesante no son un fallo, sino un protector que te impide sentir un dolor más profundo.

Podemos visualizar esta dualidad con la metáfora de una moneda: una cara es el amor, la otra es el miedo. Son inseparables. Si intentamos deshacernos de la cara del miedo, perdemos la moneda entera. Abrazar nuestras neurosis no es regodearse en ellas, sino reconocer su función, escuchar su mensaje y agradecer su intento de mantenernos a salvo. El camino no es cortar cabezas de demonios, sino integrarlas.

Intentar deshacernos del miedo, hace que también te deshagas del otro lado (amor). Es necesario abrazar la neurosis. Si pierdes un lado de la moneda, lo pierdes todo.

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3. Tu Cerebro No Tiene Todas las Respuestas: La Verdadera Sabiduría Reside en el Corazón

Nuestra cultura glorifica el intelecto, un principio masculino de análisis, juicio y definición. Creemos que podemos pensar nuestra salida de cualquier problema, lo que nos conduce a la "explosión" del sobreanálisis y el estrés. Hemos olvidado la sabiduría del corazón, el principio femenino de sentir, recibir y aceptar. No es una idea meramente poética; el campo bioeléctrico del corazón es hasta 5000 veces mayor que el del cerebro, una señal de su inmensa inteligencia.

El mecanismo es claro si entendemos la jerarquía natural de la experiencia humana: Sensación → Sentimiento → Intelectualización. Nacemos sintiendo, pero nuestra cultura nos enseña a saltar directamente a la intelectualización, a etiquetar y juzgar la experiencia antes de haberla sentido realmente. El intelecto define, y al definir, limita. El corazón, en cambio, nos conecta con un potencial infinito. La verdadera sabiduría no llega pensando más, sino sintiendo más profundamente.

El intelecto define, limitando; el corazón define, sin limitar. El intelecto nos enfoca en la definición, en la limitación. Si nos permitimos escuchar al corazón, no hay límite alguno, el potencial es infinito.

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4. Sanar No es "Hacer" Algo, es ser Escuchado Profundamente

La idea convencional de la terapia implica un "tratamiento": un experto que "hace" algo para "arreglar" a un paciente. Pero esta visión ignora nuestras dos necesidades más profundas: ser escuchados y ser sostenidos. La sanación más transformadora ocurre en un silencio radical, cuando un terapeuta o amigo ofrece una presencia absoluta y no hace absolutamente nada más.

En este enfoque, no hay diagnóstico, pronóstico o plan de tratamiento. El practicante simplemente escucha, creando un campo de confianza tan seguro que la inteligencia innata de la persona se atreve a hacer su propio trabajo. En ese espacio, sin la presión de ser "arreglados", encontramos el coraje para explorar nuestros traumas y encontrar nuestra propia paz. La sanación no es algo que se nos hace; es lo que emerge cuando se nos permite ser. La audiencia es la curación.

Se dice que ser escuchado es ser sanado y ser escuchado profundamente es ser profundamente sanado.

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5. No Eres Quien Crees que Eres: Vives Reaccionando al Pasado

Creemos que somos los autores conscientes de nuestra vida, pero la epigenética ofrece una estadística impactante: entre el 95% y el 99% del tiempo, no estamos presentes. Estamos reaccionando automáticamente a la "mochila de nuestro inconsciente". Lo que llamamos nuestra "personalidad" es, en gran medida, una serie de hábitos y patologías absorbidas del pasado. No somos quienes creemos ser; somos un hábito.

La vía de escape de esta prisión reactiva es el cuerpo. El pensamiento es un viajero del tiempo; salta al pasado y se angustia por el futuro. La sensación, sin embargo, es una ancla: sólo puede existir, radicalmente, en el ahora. Sentir nuestro cuerpo es el acto más directo para despertar a quienes realmente somos, más allá de los patrones automáticos. Esta es la liberación definitiva: no estamos definidos por nuestra historia. En cualquier momento, podemos dejar de reaccionar y empezar a sentir, abandonando el ruido de la mente para habitar la sabiduría silenciosa del presente.

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Conclusión: La Invitación al Silencio Interior

Estas cinco lecciones nos guían hacia una misma verdad: la sanación es un viaje que va de la gestión a la presencia. Dejamos de intentar gestionar nuestros miedos, arreglar nuestros defectos y analizar nuestros problemas, y en su lugar, aprendemos a estar presentes con lo que es: a presenciar la energía del miedo, a escuchar la sabiduría de nuestros protectores y a sentir la guía del corazón. No se trata de convertirnos en alguien mejor, sino de despertar a quienes ya somos, bajo capas de hábitos y reacciones. Es un regreso a casa.

La próxima vez que te enfrentes a un miedo, a un hábito que te disgusta o a una emoción abrumadora, la invitación es a cambiar de estrategia.

¿Y si la próxima vez que sientas miedo o te enfrentes a un "defecto", en lugar de luchar, simplemente te detienes a escuchar? ¿Qué crees que podrías descubrir en ese silencio?

martes, 18 de junio de 2024

Ser escuchado y ser sostenido

 


Las dos grandes necesidades del ser humano a nivel emocional son ser escuchado y ser sostenido. Son dos pilares fundamentales que permiten a nuestro cuerpo digerir eficazmente el flujo permanente de las experiencias de vida de todo tipo con las cuales nos encontramos. Esto también crea unas condiciones óptimas para el funcionamiento de nuestro sistema inmune – nuestro guardián. Cuando nos sentimos escuchados, recibidos, sostenidos de manera incondicional somos capaces de explorar las experiencias no-digeridas a nivel “más profundo “de lo habitual.  La mayor parte de la vida pasamos reaccionando a los traumas acumulados que a menudo han “entrado” en nuestro sistema en las etapas pre-cognitivas, pre-verbales, antes de que se han desarrollado nuestras capacidades de conceptualizar y razonar sobre lo que está sucediendo y permitir a nuestro sistema que lo “digiera”. Estas experiencias o traumas sensoriales simplemente “están allí, dentro” y nuestra percepción sobre nosotros mismos y sobre quienes somos tiende a basarse en gran medida en ellas. La transmutación de los traumas de cualquier tipo solo puede ocurrir en el presente. Y aunque las investigaciones científicas demuestran que casi 98% del tiempo no estamos presentes, afortunadamente nuestro cuerpo siempre está «aquí» – es este hilo de Ariadna que nos conecta con nuestra esencia y nos permite salir del laberinto de experiencias traumáticas. En vez de arreglar este hilo podemos explorar que ocurre si decidimos seguirlo sin pretender entender a donde nos lleva. Tal vez podemos permitir que todo el trabajo sea hecho por el cuerpo que no es otra cosa que la Inteligencia encarnada.

domingo, 18 de febrero de 2024

Cómo es una sesión

 

El cuerpo humano no sólo digiere los alimentos, lo que vale lo utiliza, ya sea para obtener energía, para crear estructuras y/o mantenerlas. Lo que sobra se convierte en residuos (heces, orina, sudor, …). 

Pero no sólo digerimos alimentos, también tenemos que digerir experiencias de la vida diaria, pensamientos que vamos teniendo, encuentros con otras personas, etc. Esa digestión también genera una dualidad, hay cosas que nos nutren, nos hacen bien, pero hay otras que hay que eliminar, ya que al igual los alimentos que no digerimos bien o abusamos de ellos, nos pueden crear problemas (obesidad, mal función de órganos cuando se acumulan sustancias nocivas, …).

 Pues bien, esas experiencias, pensamientos, situaciones que ocurren en relaciones, etc.  no pueden ser digeridas adecuadamente y se acumulan en nuestro cuerpo, generando en muchas ocasiones dolencias crónicas, dolores de espalda, tensión alta, estrés continuado, ataques de ansiedad, problemas de fertilidad, malas sensaciones corporales o al final enfermedades.

 Una manera de ayudar a digerir es mediante esta técnica, que consiste en que el terapeuta va a crear un espacio seguro en el que la persona, sobre todo a nivel subconsciente, se va a sentir protegido, sostenido y escuchado, permitiendo la “digestión” de esos aspectos que están en nuestro cuerpo y nos están alejando de la situación de bienestar que necesitamos.

 Carl Jung afirmaba que los procesos que ocurren en el cuerpo siguen el siguiente esquema:

 

Sensación (“me tocas el codo”)

Sentimiento (me molesta, me genera inquietud)

Intelectualización (“siempre haces algo que me molesta”)

La intelectualización, que suele ser excesiva y generalmente negativa, hace que la relación sensación-sentimiento se convierta en muchas ocasiones en creencias o generalizaciones y/o incluso en losas que cargamos a nuestras espaldas.

Cómo se realiza y que puede hacer la persona que va a recibir la sesión:

 La persona se tumba en la camilla de la forma más relajada posible. En ocasiones puede ser aconsejable hacer relajación anterior (si no está acostumbrado a estar en estados meditativos o relajados).

Le pedimos que, en cierto modo, adopte la actitud de alguien que va a ver una película, ya que se le pueden presentar imágenes, sensaciones corporales, recuerdos, olores (esto es algo personal para cada uno); pero no hay que centrarse en lo que viene a cada momento (¡la película sigue, y si te quedas dándole vueltas a algo, …. te puedes perder lo siguiente!). Y si te quedas en algo, tampoco pasa nada, puede ser algo muy relevante para la persona en ese momento.

Las manos del terapeuta estarán en todo momento en contacto con la persona. El terapeuta en silencio, estará en un estado de presencia absoluta, escuchando, sosteniendo, protegiendo al paciente. Esa presencia, esa entrega, hará que la “digestión” se realice por parte del cliente.

La sesión suele durar unos 40 minutos aproximadamente.

Una vez terminada la sesión, se conversará sobre los ocurrido, se informará de que el trabajo iniciado puede seguir en las próximas jornadas y que si surge alguna incomodidad hay que tomarla desde la idea de que el trabajo se ha iniciado y sigue.

 Lo que salga en esta sesión es siempre bueno y va en el camino de beneficiar a la persona. Es importante que no intelectualice demasiado lo ocurrido, que se quede con las sensaciones.

También decir que la mayor parte de las veces, una sesión de este tipo es muy gozosa, fuente de felicidad y relajación.

Para información o reserva haz click aquí


miércoles, 14 de febrero de 2024

El "trabajo"

 


Intentamos realizar este trabajo desarrollado tal y como lo entendía Mike Boxhall siendo resultado de 89 años de su extraordinaria vida. Como el mismo solía decir, los primeros 40 años se dedicó a crear el caos en sus diferentes formas y a continuación hizo un compost de todo ello del cual finalmente ha salido una flor muy bella — La Enseñanza, una fusión de una experiencia de vida encarnada, profundos conocimientos de la naturaleza humana, filosofía taoísta, exploración de los últimos avances de la ciencia moderna , psicología junguiana, tradición mística del linaje osteopático, extensa práctica clínica y medio siglo dedicado a trabajo con los grupos de exploración que incluían a osteópatas, médicos, abogados, bailarines, terapeutas de distintas ramas, psicólogos, profesores y todas aquellas personas que se sentían atraídas por un trabajo que no se enfocaba tanto en convertirlos en profesionales perfectos, sino más bien en personas más completas. Esta flor – Presencia en la Quietud – ha sido generosamente compartida con su entorno, sus amigos y alumnos en diferentes países y lugares, tomando forma de un viaje común hacia un nivel donde no existe la patología. La aproximación a este nivel nos invita expandir nuestras habilidades para escuchar a través del contacto corporal y con una apertura cada vez mayor la historia contenida en la fusión del cuerpo, mente y espíritu. Un nivel donde se encuentra el tesoro llamado Paz que no puede ser expresada con las palabras.

A menudo la gente que nunca le ha conocido a Mike dice que le siente muy cerca. Así es. Somos eternos mientras alguien nos ama, mientas alguien nos lleva en su corazón. Finalmente todo es cuestión de amor. Seguimos caminando todos juntos, aunque Mike se fue un poco más allá de lo que pueden ver nuestros ojos.

La magia de la vida se expresa a través del movimiento en cuyo corazón está la Quietud. No es necesario que hagamos algún esfuerzo para encontrarla. Más bien se trata de soltar nuestra búsqueda o esfuerzo de alcanzarla, para que se revele en este espacio no condicionado por nuestra expectativa. Es aquel lugar donde estamos libres y podemos «ver lo que sea sin convertirse en ello» y desde cual podemos entrar en una práctica compartida con el otro sin ningún tipo de demanda, a veces — por primera vez en nuestras vidas. Solo desde este lugar proactivo dinámico del presente aquietado algo nuevo puede ser creado. Este estado nos da una oportunidad de ver y soltar nuestra dependencia o lucha con los hábitos y así poder Ver con una frescura absoluta aquello que siempre estaba allí…

 

EL TRABAJO

El Trabajo es estar Presente en la Quietud, en este centro de nuestro verdadero yo, este espacio libre desde cual se despliega el milagro de la vida, este estado de ser donde uno simplemente es testigo de lo que está emergiendo sea cual sea la forma que esté tomando el proceso, sin juicios, sin expectativas, sin análisis.

 

El Trabajo es dejar que el «el Trabajo haga el trabajo», es confiar en la Inteligencia, rendir, al menos temporalmente, nuestras ganas y necesidad de arreglar al otro, de saber que está ocurriendo y de qué manera podríamos mejorar la situación.

 

El Trabajo es Escuchar tan plenamente como uno puede. Escuchar al otro y escuchar a uno mismo. Escuchar no desde el intelecto, no desde la dinámica masculina en la cual estamos estancados en casi todos aspectos de nuestras vidas. No escuchar para dar consejo, medicina, técnica o modelo terapéutico, sino desde corazón y sin ningún tipo de pretensión de cambio, esfuerzo de mejorar o curar algo. Escuchar y sostener incondicionalmente, sea cual sea el despliegue de la historia que se vierte ante nuestra presencia aquietada.

 

El Trabajo no es de acumular los conocimientos sino estar en la vanguardia dinámica de los avances de las ciencias más modernas que exploran las interacciones del cuerpo, mente y psique con el entorno, con el modo de vida que llevamos; las ciencias que están descubriendo un inmenso potencial del cambio y expansión expresiva contenidos en nuestras bases genéticas que nos permiten ser creadores de nuestra realidad en vez de ser víctimas de nuestro bagaje hereditario. La misma pasión nos mueve a todos, seamos un científico o no — es la pasión por La Verdad.

 

El Trabajo es tener el coraje para sentirse inseguro, frágil, porque solo desde el lugar de esta máxima vulnerabilidad podemos explorar lo que somos más allá de lo que creemos ser. Es un viaje hacia «la tierra incógnita» y no podemos hacerlo pretendiendo seguir en la tierra firme y bien conocida.

 

El Trabajo es ver, reconocer, ser consciente del lugar desde donde vivimos, hablamos, tocamos, relacionamos con nosotros mismos y con la otra persona.

 

El Trabajo es «ser normal, ser tú mismo», sin intentar de convertirse en otra persona más inteligente, iluminada, serena, humilde, mejor o lo que sea... Es trabajo es aún más difícil a veces — es aceptarnos tal y como somos, compasivamente, abiertamente, delicadamente, conscientemente. No se trata de ser perfecto sino de estar «despierto».

 

El Trabajo es La Practica Compartida. Es compartirnos con los demás, compartir el Viaje, El Camino, momentos de dudas, momentos de la iluminación, risas y lágrimas. Es compartir lo que somos y como somos en cada momento. Es mostrarse.

 

El Trabajo es honrar a nuestros Maestros. Viven en nosotros. Nuestra relación con ellos es tan eterna como la propia Creación. Han encendido el fuego en nuestros corazones que nos mantiene de pie en los momentos de tormenta y nos hace volar entre los soles del Universo.

 

El Trabajo es El Compromiso. Es el Camino que se apodera de uno de una manera irrevocable. Nos elige y aceptamos ser Sus Peregrinos.

 

El Trabajo no puede ser nombrado, entendido o explicado. No podemos hacerlo, pero podemos encarnarlo convirtiéndose en él. No es Hacer sino Ser.

 

El Trabajo es Todopoderoso, Bello y Simple y sin embargo…te necesita.

 

El Trabajo vive en tu corazón.

 

Tu eres Su Centro.

Vivimos en la época de la confluencia entre las tradiciones y sabiduría milenarias y los descubrimientos e investigaciones de la ciencia moderna. El corazón ya empieza a ser pieza esencial para ambas. El Intelecto está en el Cerebro, pero La Sabiduría está en el Corazón. Se complementan uno al otro y necesitamos a ambos, sin duda. Sin embargo, durante varios siglos toda la prioridad se ha dado al intelecto. El principio masculino estaba dominando y el femenino – suprimido. El análisis, el diagnostico, el tratamiento y el pronóstico — son principios masculinos realmente muy útiles en muchos niveles del trabajo. Pero tal vez podemos reconocer que, al avanzar durante décadas en una dirección, nos hizo perder de vista la otra parte. Hemos profundizado mucho en entender y hacer y hemos olvidado como escuchar. La esencia de la escucha no está en el intelecto sino en el corazón. Cuando perdemos la conexión con La Sabiduría y simplemente somos incompletos.

 

Las dos grandes necesidades del ser humano a nivel emocional son ser escuchado y ser sostenido. Son dos pilares fundamentales que permiten a nuestro cuerpo digerir eficazmente el flujo permanente de las experiencias de vida de todo tipo con las cuales nos encontramos. Esto también crea unas condiciones óptimas para el funcionamiento de nuestro sistema inmune – nuestro guardián. Cuando nos sentimos escuchados, recibidos, sostenidos de manera incondicional somos capaces de explorar las experiencias no-digeridas a nivel “más profundo “de lo habitual.  La mayor parte de la vida pasamos reaccionando a los traumas acumulados que a menudo han “entrado” en nuestro sistema en las etapas pre-cognitivas, pre-verbales, antes de que se han desarrollado nuestras capacidades de conceptualizar y razonar sobre lo que está sucediendo y permitir a nuestro sistema que lo “digiera”. Estas experiencias o traumas sensoriales simplemente “están allí, dentro” y nuestra percepción sobre nosotros mismos y sobre quienes somos tiende a basarse en gran medida en ellas. La transmutación de los traumas de cualquier tipo solo puede ocurrir en el presente. Y aunque las investigaciones científicas demuestran que casi 98% del tiempo no estamos presentes, afortunadamente nuestro cuerpo siempre está «aquí» – es este hilo de Ariadna que nos conecta con nuestra esencia y nos permite salir del laberinto de experiencias traumáticas. En vez de arreglar este hilo podemos explorar que ocurre si decidimos seguirlo sin pretender entender a donde nos lleva. Tal vez podemos permitir que todo el trabajo sea hecho por el cuerpo que no es otra cosa que la Inteligencia encarnada.

 

Si como terapeutas trabajamos con otras personas y entramos en contacto profundo con ellas y con sus cuerpos, nuestra primera responsabilidad es estar encarnados, presentes en nuestros propios. Es especialmente importante cuando se trata de un viaje tomado por dos personas o un grupo de ellas a un nivel donde no existe la patología. No se trata de una manera especial o técnica de hacer las cosas, sino de una manera de ser. Y esto podía ser extrapolado más allá de nuestra práctica clínica – a nuestra vida diaria, las relaciones interpersonales, la crianza de los hijos etc.

 

Este trabajo no es algo limitado a un grupo exclusivo de terapeutas, sea la que sea su práctica.  Lo fundamental es el lugar en uno mismo desde cual éste entra en contacto con otra persona. Por lo tanto, la modalidad terapéutica deja de ser un factor determinante, sino es simplemente aquel “marco de unas condiciones” en las cuales podemos explorar un nivel de relaciones más profundas. Es una exploración y transición desde nuestro conocimiento limitado hacia una revelación infinita. El potencial del trabajo biodinámico no está en lo que sabemos o hacemos, sino en lo que somos. Ser tú, plenamente tú, infinitamente tú, simplemente tú.

viernes, 9 de febrero de 2024

SER ESCUCHADO ES SER SANADO


Cuanta más profunda es la escucha más potente es la sanación. A veces no hace falta el lenguaje verbal, una escucha aportando espacio, silencio, no juicio, aceptación de lo que hay...puede hacer que la persona escuchada se sienta mejor y que ocurran "milagros"...lo escondido es a veces revelado, el paquetito en el que habíamos guardado el trauma es abierto con amor, integrado en lo que hay y sublimado hacia la salud y el bienestar. 

 

lunes, 5 de febrero de 2024